De Tus propias palabras...

Siento que todos los que hoy festejamos la singularidad, circunstancia, responsabilidad y Conciencia participativa, nos encontramos así en la maravillosa danza de la SINTONIA. 

¡Gracias Alejandra!

 

 

Introducción al video dedicado a Rubén Varela

y al video referido a la Cooperativa Pucará de Trujui

Dos existencias laceradas unidas. Tan unidas como salta a la vista en este testimonio (y los que siguen), de querer rescatar el que sobrevive, algo de los sufrimientos extremos de esa otra Vida condenada ya a cadena perpetua en esos mismos 17 años donde todos nos abrimos a la Flor de la Vida.

Por esos altos contrastes que califican aun más nuestras emociones y sus interiorizaciones, quiso el sobreviviente hacer tributo a su amigo entrañable en este mismo y tan preciso testimonio de “los cuerpos en el nacimiento de su Vida”.

Este sobreviviente, sufriente también de redoblados escarnios y oprobios, da prueba de su loca natural entrega y ternura, en un documento amasado en sensibles y coherentes actitudes sostenidas durante toda su Vida.

Padre de una docena de Hijos, sigue aferrado y defendiendo la Vida como siente que es merecida.

Su hija Mónica, que me conociera indagando en mi isla sobre las matrices que arrastran ocultos los Patrimonios, así como las no tan visibles remanencias ancestrales y resistenciales de los Matrimonios, me ha pedido que introduzca estos brevísimos anticipos que de alguna forma intentan acercar aprecio y el mayor respeto, tanto, al tributo de su Padre Rolo Freyre a su Amigo entrañable Rubén Varela, como a las actitudes tan apacentadas y perseveradas de su propio Padre.

Rubén, de haber sobrevivido, habría hoy alcanzado los ochenta. Su Padre ha superado los setenta.

Los durísimos inviernos de estas Vidas sin duda han amasado para sus descendencias, interminables Primaveras.

FJA

Rubén Varela




Domingo a la tarde

“Los reclusos que voy nombrando, vayan preparándose para la visita. Los que no la tengan, vayan en orden saliendo al recreo.”

Las visitas eran los domingos; a la mañana, de hombres; por la tarde, de mujeres.

En mi condición de paria tenía dos opciones: si quedar en la celda tomando mate, meditando sobre mi negro futuro; o salir al recreo hasta que terminara la visita.

Casi siempre optaba por salir al recreo y me encaminaba a un mismo lugar; allí al fondo del pabellón 1 por el lado de afuera; de ese lado del recreo que tenía una vereda angosta pegada al pabellón, cerrada por dentro con un enorme candado y una enorme cerradura.

Este portón era de barrotes gruesísimos y una altura y anchura fuera de todo lo normal.

Tenía tres escalones: desde el nivel del pabellón al nivel del suelo donde funcionaba el recreo.

En este lugar sombrío que metía miedo a cualquiera, me sentaba invariablemente todos los domingos entre la tristeza del lugar y la mía.

Siempre surgía de mi manga una baraja que resistía a mi destino de paria para que no me hiciera pedazos esa sociedad mezquina, injusta e inhumana.

Este dolor de paria acorralado, sin la mano activa que alimentara una ilusión, afirmaba en lo más profundo de mi ser toda mi rebeldía, como única forma de conservar mi dignidad.

Hoy ya viejo y enfermo y la Penitenciaría Nacional demolida, siento en la distancia que marca el tiempo, nostalgia por ese lugar triste y sombrío que supo guardar en sus arcas de hierro todas mis confidencias.

Gracias madre sustituta. A tu sombra sombría fui creciendo y me hice hombre.

Ya no estás; todo muere. Pronto, yo tampoco estaré.

Poco falta para que revivamos las imágenes y pensamientos que perduran en el tiempo y espacio; ...esos grandes afectos que nunca mueren.

Hasta siempre portón de hierro.

Espérame en un lugarcito del cosmos, que a mi me toca ahora emprender el gran camino.

Rubén Varela, 23/2/97.


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Texto: El Grillo